Las peleas de perros de presa, tanto como las riñas de gallos, han constituido en Córdoba una tradición, cuyo origen ha de buscarse sin duda en la época de la Colonia. Y este espectáculo fuerte, por no decir salvaje, ensambla sus raíces en el más puro origen ibero. Sin embargo donde adquirieron importancia como deporte esta clase de espectáculos fue en Inglaterra desde el siglo XIII en adelante, donde al decir de Rowland John en su obra Ourfriend the Bulldog", se efectuaban combates a muerte, no sólo entre perros, sino también contra toros -los famosos "Bull-baiting"-, y hasta se llegó a ver bajar a la arena a hombres aguerridos que peleaban contra uno o más perros. El famoso cuadro de Goya titulado "Echan perros a los toros", que existe en el Museo del Prado de Madrid, prueba que en España, hace siglos que se practicó ese deporte viril y rudo.
En nuestra ciudad de Córdoba, aunque no se llegó a constituir entidades semi-oficializadas, como los conocidos "reñidores", donde a pesar de las leyes prohibitivas, concurrían presidentes, gobernadores, ministros y altos magistrados, había sin embargo un grupo selecto de cultores de la lucha de perros, algunos de cuyos nombres me vienen a la memoria entre otros Oscar Martínez, Don Pepe Peña, en Barón Funes, el Dr. José Ignacio Bas, el Dr. Enrique Martínez, el Dr. Enrique Otero Caballero, Dr. Narciso Nores, Don Rogelio Martínez etc. Usaban para el combate un perro obtenido por el cruzamiento del Bull-dog inglés con el Bull-Terrier, eligiendo aquellos que salían blancos puros y sin prognatismos, es decir, en los que predominaba el Bull-terrier. Estos animales unían a la fiereza y valor del Bull-dog la agilidad y la musculatura del Bull-terrier, con la ventaja de que no se asfixiaban al hacer presa por tener una mandíbula más larga y bien coincidentes las arcadas dentarias, dando por el cruzamiento ejemplares de mayor talla y peso que los de las razas originarias, llegando a pesar los ejemplares adultos más de 30 kilos.
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